Antonio Altarriba

…que Milú juega…

Si Tintín supiera que Milú juega al ajedrez, se quedaría atónito. La fiel mascota mantiene un reñido torneo con un enorme gato negro. Disputan, ni más ni menos, su aparición en el próximo episodio de la serie. Si el gato gana, sustituye a Milú como compañero de Tintín. Así que nuestro perro pone el mayor interés en salir victorioso. Con meticulosidad de foxterrier estudia cada jugada. Incluso, cuando las cosas se ponen difíciles, no duda en hacer trampas. Echa polvo de estrella lejana o humo de faraónico cigarro en los bigotes de su rival y, cuando este estornuda, aprovecha para cambiar las piezas de sitio o para sustituirlas por otras que él mismo talla en los huesos que recoge en sus aventuras. De esa manera no sólo logra contrarrestar la implacable estrategia del felino sino que, a veces, llega a ponerle en jaque mientras soporta con fingida indiferencia sus bufidos de rabia. Milú hace lo posible para que tan temible enemigo no se apodere de las viñetas de ese tablero donde realmente se dirime el destino de su amo. Porque, aunque él mismo no lo sepa, la suerte de Tintín depende de que un gato negro no remplace a un perro blanco.   

Si Tintín supiera…