Antonio Altarriba

…que Bianca Castafiore…

Si Tintín supiera que Bianca Castafiore, antes de acostarse, hace gárgaras con diamantes, se quedaría de piedra. Afina las cuerdas vocales con piedras de coral, se enjuaga con ristras de perlas y, finalizada su higiene bucal, escupe las impurezas sonoras envueltas en quilates. Por eso su voz es tan transparente, por eso su canto quiebra el cristal. Por eso la pieza preferida de su repertorio es el aria de las joyas de Gounod.

Cuando desaparece la esmeralda que le regaló el maharajá de Gopal, el aliento de la Castafiore pierde su olor a clorofila y su garganta cae en una profunda afonía. El ruiseñor milanés se convierte entonces en papagayo del Caribe y sólo puede gritar con tono desgarrado “¡cielos mis joyas!”.

Cuando la diva recupera sus piedras preciosas, la voz le vuelve nítida y vibrante y su aseo nocturno se llena de nuevo de borborigmos destellantes. Sólo cuando la Castafiore canta, la armonía regresa a Moulinsart. Pero es una armonía de plomos fundidos y vidrios rotos que anuncia con chirriante insistencia que la amenaza sigue ahí fuera.

Si Tintín supiera…