Antonio Altarriba

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«Desde que El arte de volar vio la luz, he recibido muchas opiniones de lectores. Para mi son especialmente importantes porque, espontáneas, sinceras, emotivas, me ofrecen una visión directa de las diferentes experiencias lectoras. Me hacen pensar que la dolorosa gestación de este libro valió la pena y me animan a seguir escribiendo.»

Además, en este sitio web muestro el trabajo que he realizado en diversos campos. Cualquier  pregunta, opinión o comentario acerca de lo que está publicado será bienvenido.

No dudéis en utilizar  este espacio.

Gracias.

41 comentarios

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  • Magnífico artículo “Yo, Antígona”.
    Se podrá decir más alto, pero no más claro.
    La esperanza, si la hay, está en las bases del PP y de la iglesia, porque de sus líderes no se puede esperar gran cosa.
    No es por disculpar a los catalanes por el “procés” , pero resulta díficil decir que te sientes orgulloso de ser español y una de las causas es esa apropiación que han hecho algunos del significado de esa palabra.
    ¿Algunos conocerán el significado de la palabra “empatía?
    Un saludo y muchas gracias por hacerme disfrutar de artículos como éste.
    Juan Carlos Cítores

  • Bonjour,

    je viens de lire “l’art de voler”.

    Je suis encore sous le coup de l’émotion qu’il m’a procuré. Je tenais à vous remercier pour cette oeuvre magnifique. Outre l’hommage à l’homme qu’était votre père, ce livre est un hommage à tous les idéalistes “perdants” de l’histoire, personnes si peu évoquées par l’art, la littérature et les médias.

    Un immense merci pour ceci.

    Par ailleurs, le texte qui termine l’édition que j’ai lue (Denoël, avec l’histoire de Chantal en post-scriptum) évoque votre culpabilité de n’avoir pas fait plus pour votre père. Je pense que c’est la culpabilité que partagent tous ceux qui ont perdu un proche par suicide. J’ai moi-même perdu ainsi un jeune frère.
    Je m’apprêtais à vous parler de ceci, mais je m’aperçois que c’est difficile à formuler pour ne pas tomber dans les phrases creuses ou les maladresses, sans compter le risque de vous répéter des discours mille fois entendus ou des réflexions que vous avez sans doute probablement eues. Sachez simplement que votre oeuvre résonne doublement en moi.

    Et elle résonne encore d’une autre façon par la relation que vous avez eue avec votre père. Le mien est resté jusqu’à sa mort un étranger qui n’a jamais su me montrer s’il m’aimait et ne m’a rien transmis. Peut-être cela aurait-il été possible si j’avais partagé ses seules passions, l’automobile et la chasse ?
    Lui est mort brutalement de maladie, sans doute dans la satisfaction d’avoir “réussi sa vie” avec son magasin, sa maison, sa voiture, ses chiens et sa (deuxième) femme.
    On est bien loin de votre propre père. Vous avez peut-être un héritage lourd à porter, mais quel bel héritage !

    William

  • Hola Antonio, hola Kim.

    Mi nombre es Ibra. Nací en los campamentos de refugiados saharauis de Tindouf (Argelia). Mis padres vivieron la guerra contra Marruecos, el exilio al desierto,el abandono de España y el hambre y la ser. Y los siguen viviendo a día de hoy. Yo crecí en su realidad y no pude (al igual que el niño que fue tu padre) soportarla y quise volar.
    A los diez años mi padre entendió el mensaje y me mandó a España a estudiar, a labrarme un futuro (¡A España! ¿Qué ironía, eh?), a ser alguien mejor de lo que logró llegar a ser él.
    Mi nueva familia (burgueses tardíos de capa caída) me acogió, me mimó, me educó e hizo de mí el hombre que mi padre (biológico) quería que fuera.
    Más allá de la relación familiar no había nexo alguno entre nosotros: mi madre es profesora de catequesis (yo llegué repudiando el Islam) y mi padre era (“ya no”) empresario (yo llegué con un afán de justicia social inagotable). Mis hermanos eran/son una imagen calcada de los valores de mis padres. Yo en eso desentoné bastante.
    El abuelo era otro mundo. A él se le podían leer en las arrugas todos los valores que yo admiraba e incluso idolatraba: se había dado de hostias con los fascistas, había perdido, había callado, había sufrido la humillación y la vergüenza, había aprendido a rumiar la derrota, pero nunca había renunciado a su ser. “Yo soy un rojo, y rojo seré hasta el último de mis días” me repetía.
    Me sentaba a su lado cada tarde a la hora de la merienda y escuchaba atentamente cada una de sus aventuras. Lloraba a veces; otras reía. Pero cada día me alejaba de él hecho un poco más antifascista, un poco más republicano. Hizo de su historia la mía y de su guerra la mía, y no pude más que abrazar sus valores.
    El día que “Echó a volar” (con sus tres hijos de derechas en traje oscuro y gafas de sol, cada uno en una esquina de la casa sin dirigirse la palabra) llegué a la conclusión de que “si fuera un poco menos ignorante, sería anarquista. Igual que lo hubiera sido mi abuelo, si no hubieran hecho de él el ignorante que solo él se consideraba”.
    Ayer me regalaron vuestro libro. Jamás nadie había hecho nada tan bonito por mí. Jamás nadie había logrado tocar el botón indicado de mi alma. En el instante indicado. Lo leí entero en una sentada. Lloré. Reí. Volví a llorar y volví a reír. Y sentí rabia, y cierto odio, y frustración y mucha nostalgia. Y es que mi abuelo es la persona con la que menos tiempo he pasado desde mi llegada a España y de la que más he aprendido a amar (“las batallas pérdidas de antemano”), a empatizar, a luchar por reivindicar lo justo y a señalar (y combatir) lo injusto.
    Mi abuelo, Rafael Alberti la, era otro Antonio Altarriba y el legado de hombres como ellos jamás debe morir.
    Gracias por esta desgarradora historia que he devorado con unas ansias jamás despertadas por ninguna otra lectura. Gracias por hacerle el honor a la memoria de hombres buenos como Antonio, Mariano, Pablo, Durruti… Gracias por no enterrar en polvo y cobardía la memoria de lucha y justicia de hombres (y mujeres) con honor y valores. Gracias por devolverme (por unas horas) a aquellas tardes con mi abuelo. Gracias porque a la vez que curabas (Antonio) las heridas de la pérdida de tu padre mientras escribías, curabas las heridas de la pérdida de mi abuelo mientras yo leía. Mil gracias Antonio, mil gracias Kim.

  • Gracias Antonio por ” El arte de volar ” y ” El ala rota” que he podido leer estos días en una habitación de el Hospital Miguel Servet de Zaragoza , en noches insondables y silenciosas, mientras velaba el descanso de mi padre y mi madre(diagnósticada con un cáncer) ingresados ambos estas Navidades, y cuya lectura me ha reconfortado, en duros momentos, no sabes cuánto, el alma. Mis padres pertenecen a esa generación que vió sus primeras luces con la II República, que conoció los desastres de la Guerra, y que sufrieron las penosidades propias de la no menos durísima posguerra. Pude charlar contigo un buen y placentero rato el año pasado en el Salón del Cómic de Zaragoza, donde me dedicásteis tú y Kim El arte de volar y donde hablamos sobre algunas páginas en la que documentar arquitectónicamente la Zaragoza antigua ( como el archivo Gaza o el grupo de Facebook de Zaragoza Antigua) o sobre la represión a la que se vió sometido también mi abuelo por los fascistas. Para mi el cómic, o el tebeo, es un arte mucho más cercano al cine ( en este caso sería cine de animación, aunque podría hacerse un cómic con fotografías, y mudo, aunque sin la gran ilusión del movimiento ) ( algo así como la reconstrucción a través de fotogramas sueltos de London After Midnight) que a la literatura y al lenguaje literario, aunque también se sirva de este. Y Antonio demuestras conocer muy bien la narración cinematográfica, cómo transmitir sensaciones e ideas a través de los distintos encuadres subjetivos y cómo vas tejiendo la historia, con ritmo, agilidad y enriqueciéndola con nuevos personajes y situaciones. Hay dos momentos en El arte de volar que me gustan mucho, uno es cuando la mujer de uno de los socios de la empresa de galletas envenena al marido que la maltrata ,contado en tres viñetas de forma magistral. Es esa España negra, grotesca, macabra, esperpéntica, esa España del callejón del gato, ácida, goyesca, perfectamente condensada en una breve secuencia, puro Berlanga. Y el otro es ese momento de fantasía o alucinación, en que un águila de San Juan, símbolo del régimen fascista, arranca los ojos de Antonio( padre) y llueven fascistas haciendo el saludo romano. Esa mezcla de lo real y lo imaginario, que llegan a confundirse dentro de esa España opresiva y que ya llevara a buen puerto el director Javier Fesser con su película Camino( relato del martirio de una niña por el Opus Dei), pienso que sería un camino a explorar, dado tu gran talento y el gran poder metafórico y visual de las imágenes que ideas, para una futura obra y que solo se llega a esbozar en El arte de Volar. Nada más terminar estas dos obras, he ido a comprar ávido Yo asesino y El perdón y la furia, y por supuesto te recomendaré allá donde vaya. Infinitas gracias por tanto bueno, por tanta belleza y sensibilidad a expuertas. Tendrían que venderlos en las Farmacias.

    • Muchas gracias a ti, Francisco, por lo que dices de mi trabajo. Intento, como bien apuntas, utilizar los recursos visuales del cómic que, a mi entender, le dan su gran fuerza narrativa. Me gusta, especialmente, servirme de metáforas visuales, como la del águila, para jugar con sugerencias simbólicas. En estos momentos estoy preparando Yo, loco, en la línea de Yo, asesino. Utilizo sueños y delirios como claves narrativas y creo que funcionan bien.
      El perdón y la furia y Yo, asesino son dos mis libros muy distintos de los que has leído, especiales porque, al fin y al cabo, tratan de mis padres. Espero que, en otro estilo, también te gusten.
      Un cordial saludo.

  • Solo unas breves palabras para saludarte y comentar brevemente El arte de volar, que he leído en los últimos días. Ando ahora con El ala rota.
    Pocos cómics me han llegado como este. Tengo en mi poder las memorias escritas de mi abuelo, de la edad y vivencias de tu padre, más o menos, unas páginas que conservo y que no me he atrevido a poner en limpio y a salvo del paso del tiempo (si es que eso es posible), para que las puedan leer mis hijos algún día. Las he recordado mucho leyendo tu historia.
    Te felicito por tu ejercicio de valor, honradez y testimonio, la Historia se entiende de verdad con las historias de las personas que la construyeron.
    Gracias por tu obra y un cordial saludo.