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RELIGIÓN Y RESPETO

La religión

La religión, fotografía realizada por Pilar Albajar y Antonio Altarriba

Todos sabemos que el pensamiento religioso no es respetuoso. Se basa en principios dogmáticos que no buscan la reflexión sino la adhesión inquebrantable. Se presenta como guardián de la verdad, una verdad única y revelada a la que no se llega por la razón sino por la fe. Proclama mandamientos que establecen una frontera entre el bien y el mal. Condena a quienes los incumplen (o los ignoran) a tinieblas, castigos y distintas formas de infierno. La simple disidencia hace merecedor de la reprobación de la comunidad y lleva aparejados calificativos como “pecador”, “infiel”, “hereje”. Sólo el santo es modelo de vida, guía exclusiva para la salvación.

Es cierto que algunas religiones han abandonado el proselitismo más beligerante y hasta han pedido perdón por las persecuciones del pasado, Inquisición, guerras de religión, excomunión de científicos, censura de artistas, encarnizamiento misionero, alineamiento con formas crueles de poder… Pero se trata de arrepentimientos moderados, tardíos y que en ningún caso reparan el daño causado.

Aún dejando de lado su discutible papel a lo largo de la historia, las religiones siguen sosteniendo que existe vida después de la muerte, con un cielo y un infierno que premia o castiga eternamente nuestros insignificantes y siempre fugaces actos. Y no sólo eso. Todavía mantienen que el universo fue creado por Dios con un designio totalmente antropocéntrico, que habrá un fin del mundo con juicio final, que todo acontecimiento es consecuencia de la voluntad divina… Y que existen milagros como resurrecciones, curaciones, levitaciones, transubstanciaciones, fecundaciones divinas… A la luz de nuestros conocimientos o de la mera experiencia, se antojan supercherías que ofenden cualquier principio de racionalidad. Por si fuera poco, las religiones también defienden prácticas antinaturales como ayunos, abstinencias, penitencias y hasta mutilaciones.

¿Y si el pensamiento religioso no es respetuoso puede ser respetable?

Antonio Altarriba