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Recuerdos, emoción, representación. Formas de la memoria de la represión en la España actual

Artículo publicado por Pedro Piedras Monroy Pedro  (1968) es Doctor en Geografía e Historia en la Universidad de Santiago de Compostela (España). Ha desarrollado investigaciones en filosofía y teoría de la historia. Ha trabajado como profesor de Historia Contemporánea de la India y Pedagogía de la Historia en la Universidad de Valladolid (España). En los últimos quince años ha estado involucrado en estudios de memoria de la represión durante la Guerra Civil y el franquismo. Sus últimos libros son “Genealogía de la Historia”, con JC Bermejo Barrera, Madrid, 1999, “Max Weber y la Crisis de las Ciencias Sociales” 2004), “Max Weber y la India, Valladolid, 2005),” La resistencia de la estética “, con Manuel Sierra, León, 2011) y” La siega del olvido. y presencia de la represión “(Cosecha del olvido, Memoria y Presencia de la Represión, Madrid, 2012). Hoy en día trabaja como investigador independiente y como traductor, y está preparando otro libro sobre política de la memoria.

Extracto:

“LA NOVELA GRÁFICA

Desde la aparición de Maus de Art Spiegelman (1980-1991) o Pies Descalzos de Keiji Nakazawa (1973-2008), la novela gráfica ha demostrado una enorme potencia para indagar en cuestiones relacionadas con la memoria traumática. En el caso español, entre las más relevantes señalaremos, en primer lugar, el díptico El arte de volar (2010) y El ala rota (2016) de Antonio Altarriba y Kim, que revisa el siglo XX desde las biografías del padre y de la madre del guionista.

Los ritmos y los tiempos de la memoria del padre en El arte de volar no coinciden con los de la historiografía y la tragedia que encarna no acaba de encajar en el relato histórico: toda la vida del protagonista se describe como una caída. Cada capítulo se abre con una imagen del piso correspondiente —cada vez más bajo— de la caída del padre en su suicidio desde la 3.ª planta de una residencia de ancianos… una imagen imponente de la búsqueda de las causas profundas: la vida horrible y violenta en su pueblo, la guerra, el exilio, la vuelta a la corrupta España franquista y la fase final en la residencia. Con su retorno a España, Antonio asume su imposibilidad de volar (ser libre) y morirá ya en el siglo XXI pero con la misma sensación de falta de libertad, pues el relato carece del periodo fundante de la Transición. De hecho, la historia vehiculada por el yo del padre no coincide ni con la historia oficial ni con sus interpretaciones.

Algo semejante ocurrirá en El ala rota. Petra, la madre del autor, que aparece en El arte de volar como un elemento subsidiario, antipático, beato y gris, del que apenas conocemos su frigidez, su insensibilidad y su cerrilidad, en contraste con la riqueza del pensamiento de su marido, se convertirá en el centro de esta obra conmovedora, que penetra en un núcleo oscuro apenas hollado por el arte: el laberinto social y psicológico de las mujeres españolas de clase baja en el siglo XX. A nadie se le escapa que se trata de una imagen femenina proyectada por un hombre; y, sin embargo, la agudeza y la convicción de guionista y dibujante hacen de esta historia un jalón imprescindible del feminismo gráfico.”

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