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Strader

Manuel Estradera, straderDecir que Manuel Estradera fue el alma mater (et pater et filius et spiritus sanctus) del cómic aragonés resultaría un poco exagerado. Pero sólo un poco. Strader, como todos le llamábamos, generó una gran actividad «viñetera» desde finales de los setenta hasta mediados de los ochenta, un período decisivo en la renovación de este medio.

A partir de fanzines como Ment-Jauss, Zeta o Bustrófedon, participando en la organización de las Jornadas de Cómic o dirigiendo la revista TVO hizo que, a la hora de contar historietas, Zaragoza realmente contara.

Yo frecuentaba aquellos círculos y observaba con atención los rápidos progresos de Strader como dibujante. Su trazo fue adquiriendo rotundidad y su utilización de las masas de negro para dar volumen a las escenas se perfeccionaba día a día. Alcanzó un estilo en el que lo caricatural y lo realista convivían a la perfección, ofreciendo un amplio registro para contar historias. No podía perder la oportunidad de colaborar con él. Y, finalmente, entre 1982 y 1983, iniciamos «Cortocircuitos», una serie en la que combinábamos fantasía y humor absurdo. Queríamos episodios breves (cuatro o seis páginas) que, entre risas y alucinación, fundieran los plomos del lector. Terminamos un par de historias y dejamos empezadas otro par. Fue un trabajo de gran calidad gráfica que llegamos a publicar en la revista Rambla y que hoy todavía asombra. Víctimas de la precipitación de la época y de su efímera eclosión, nos quedó lo mejor por hacer.

Hoy Strader sigue en Zaragoza y dirige el Estudio Camaleón, puntero en el diseño español de los últimos años.