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Keko

kekola-fotoCada guión tiene su dibujante, la persona que sacará de él mayor partido escenográfico, la que se implicará más intensamente en su trama, la que participará de forma natural de su trasfondo simbólico, la que disfrutará poniéndolo en imágenes… Y, si el guión no encuentra el destinatario adecuado, la historia corre grave riesgo de naufragar en charco de tinta, al menos de perder parte de su potencial.

No es tarea fácil. Apenas se habla del canal que conecta al dibujante con el guionista, de los factores que lo crean, de los que lo interfieren y de las fórmulas hacia las que puede derivar esta comunicación “intercreativa”. En ocasiones el objetivo aparece impreciso, la figura del realizador  se diluye por desconocimiento del repertorio de dibujantes o por ingenierías mercantiles que sacrifican la conexión fértil a la yuxtaposición de nombres con tirón comercial. Se trata, pues, de una operación delicada en la que se juega el resultado de la obra.

Y a menudo no está claro. El guionista tiene un perfil difuso, una idea general del estilo, pero ningún nombre preciso. A veces, cuando las incertidumbres se disipan, el dibujante anda metido en otros compromisos o prefiere realizar sus propias historias. Así que el trabajo de guión corre el riesgo de ser desviado, quedar desenfocado, resultar pervertido y hasta de permanecer bloqueado.

Yo, asesino fue una historia de decidida y rutilante conexión. Lo supe desde el principio, desde que tuve las primeras líneas del argumento. El dibujante sólo podía ser Keko. Su maestría en la utilización del blanco y negro convenía perfectamente a una historia como esta, oscura y, de alguna manera, brillante. Pero había en él algo más que su forma de dibujar. Keko posee un imaginario, unas referencias, una iconografía y hasta unas obsesiones plásticas que encajan a la perfección con las que este relato plantea. Y resultó que estaba disponible y que le apetecía hacerlo. Fue una gran suerte y la clave de la rotunda cohesión del libro.

Al hilo ( o al filo) de la tarea en común fuimos descubriendo muchas más afinidades y otras se trenzaron como consecuencia de nuestros intercambios. Al final, la complicidad entre nosotros se ha hecho absoluta. Keko prefiere negarlo, por aquello de las culpabilidades o de las responsabilidades derivadas. Dice que él de asesino nada y que se lavará las manos en cualquier interrogatorio. Jurará y perjurará que la idea es mía y que no tiene nada que ver con tanto y tan sangriento asesinato. Nadie le creerá. ¡Pero si le ha dado al libro toda su deslumbrante negrura…! Basta con leerlo para comprobar su estrecha participación en cada uno de los hechos. Y, de verdad, entre nosotros, si no es con Keko, yo no mato nada.

Presentación del libro Yo, asesino, de ANTONIO ALTARRIBA y KEKO.
Animación realizada por Lautre gestión de proyectos, Nacho Mérediz.


El perdón y la furia.
 Publicada en enero de 2017, es el resultado de un encargo de El Museo del Prado que coincide con la primera exposición monográfica de dibujo de Ribera y la publicación del primer catálogo razonado de esta parte de su producción. Los autores de Yo, asesino, Antonio Altarriba y Keko, desarrollan una intriga pertubadora en este nuevo título con una trama de misterio que tiene las Furias de Ribera como base argumental.

Presentacion de el perdon y la Furia en Museo del PradoEn 1632 José de Ribera, el Españoleto, recibe el encargo de pintar las Furias, un conjunto de cuatro cuadros que representa a los grandes supliciados de la mitología clásica. Se conservan, sufriendo terrible castigo, Ticio e Ixión, pero Sísifo y Tántalo han desaparecido. Nadie sabe cuándo, cómo ni por qué. Osvaldo González Sanmartín, profesor en la Universidad de Salamanca, se ha empeñado en descubrir el misterio, incluso, en reparar la pérdida.

La búsqueda de Osvaldo le llevará a explorar los secretos de la obra de Ribera hasta caer en la obsesión. Nada, ni siquiera el asesinato, se interpondrá en un recorrido martirológico en el que acaba identificándose con todos esos santos so-metidos a la crueldad riberiana. La historia transcurre, pues, por un camino zigzagueante entre la luz y la oscuridad, la redención y el dolor, la gracia y la penitencia, lo místico y lo macabro, el éxtasis y el tormento, el perdón y la furia…

Una obra con una intriga apasionante y perturbadora con el tema del arte y la crueldad de fondo.