Antonio Altarriba

Entrevista en Diario de Avisos

Publicado en Diario de Avisos el domingo, 3 de marzo de 2024 escrito por Rafael Alonso Solís

“Lo mejor de la viñeta está por venir”

La naturaleza y los mecanismos del mal me interesan especialmente

Antonio Altarriba

Tras una larga carrera como escritor y guionista, y una importante colección de premios, Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952) ha publicado recientemente El cielo en la cabeza, junto a Sergio García y Lola del Moral como dibujante y colorista (Norma Editorial, 2023). En pocos meses, ha constituido un rotundo éxito editorial y ha recibido algunos de los premios más relevantes del sector, como el Gran Premio de la IX edición de Granada Noir en 2023, y los premios BDGestÁrts del jurado y columnistas 1 y Grand Prix de la critique ACBD en 2024. Después de haber pasado unos días en Tenerife presentando su nuevo libro en la Universidad de La Laguna y en librerías locales, ha tenido la amabilidad de responder a algunas preguntas para este periódico.

Antonio Altarriba Ordóñez (Zaragoza, 1952) es un ensayista, novelista, crítico y guionista de historietas y televisión, y ejerce como catedrático de literatura francesa en la Universidad del País Vasco. En los años ochenta, se inició en el mundo de la historieta y participó en la serie documental ‘Cómic: Noveno arte’, en 1989, y en la organización de la exposición ‘Made in Tintín’, en 1993. Como escritor, participó en las antologías ‘Relatos de Zaragoza’ (1990), ‘Narrativa corta en Euskadi’ (1992) y ‘Los que más cuentan’ (1995), quedando finalista en el XVIII Premio La sonrisa vertical (1996) por ‘Los Cuerpos entretejidos’.

-La lectura de ‘El cielo en la cabeza’ no deja lugar a la indiferencia. ¿Buscó precisamente eso? ¿Qué idea o sentimiento le gustaría que quedara en la mente de los lectores de esta novela gráfica?
“Sí, el libro busca provocar impacto emocional a partir de una realidad conocida, pero asumida con indiferencia rutinaria. La migración es un gran problema en la actualidad y todo indica que irá a más. Y en el mundo occidental preferimos desentendernos, delegar el problema en países externos y mantenernos en la ignorancia de lo que supone como drama personal y transformación geopolítica mundial. Frente a las informaciones impersonales de llegadas, naufragios, número de ahogados o de expulsados, estadísticas de menores, mujeres, niños, con este libro hemos intentado poner rostro, nombre, psicología, motivaciones y coraje en lo que constituye la gran odisea de nuestro tiempo”.

-El viaje circular de Nivek comienza con una pregunta de su amigo: «¿Nivek, estás vivo?», para terminar en la misma posición fetal del principio y llamando a su madre. En El ala rota se dice «nos ha tocado vivir en un pozo», y «… me fui de Francia huyendo de la pobreza y del carbón… veinte años después tengo a mi hijo viviendo en una carbonera… qué destino más negro…» ¿Es un mensaje común que dirige al lector: el pozo, el agujero del que no se sale o al que se vuelve?
“Hay una serie de constantes temáticas en mi obra de las que, a veces, no soy consciente. La naturaleza y los mecanismos del mal me interesan especialmente y me doy cuenta de que, en situaciones y escenarios muy distintos, vuelvo a tratarlos. La desigualdad es la consecuencia más mundialmente palpable de la maldad. Estudios y estadísticas nos dicen que la desigual-dad entre ricos y pobres no cesa de aumentar y que en ningún otro período de la Historia había sido tan escanda-losa. ¿Qué dice eso de una sociedad como la nuestra, que quiere revestirse de un manto de impoluta corrección? La industria más importante del planeta es la armamentística desde hace muchos años, quizá desde siempre. La segunda industria más importante es la cosmética. ¿Asesinos y hermosos? Esa parece la imagen de nosotros mismos que queremos proyectar en estos tiempos”.

-¿Cómo le afectó, durante la documentación, ir descubriendo una realidad más brutal que la que, como guionista, tal vez había supuesto?
“Fue duro, sí. La cantidad de atrocidades que tuve que leer y escuchar en la fase de documentación fue tremenda. Es cierto que situamos a nuestro protagonista en un país que sigue siendo el corazón de las tinieblas, como ya decía Joseph Conrad. La República Democrática del Congo es un país que tiene la desgracia de ser una maravilla geológica, con materias primas y reservas minerales muy deseadas por el primer mundo. Eso ha mantenido al país en una situación de violencia larvada desde su descolonización, en 1960. Más de diez millones de muertos dan cuenta de esta guerra silenciada por los intereses de las grandes multinacionales. Miseria, guerrillas, violencia sexual, corrupción forman un entramado perverso, en el que tienen lugar actuaciones insoportables por su crueldad. A pesar de que nuestro libro pueda parecer duro, he filtrado mucha de esta violencia, dejando solo la suficiente para hacernos una idea de la vida cotidiana en un país tan importante geoestratégicamente como olvidado mediáticamente”.

-Sergio García ha explicado en alguna entrevista que el grafismo elegido para ‘El cielo en la cabeza’ trató de suavizar la dureza que ya tenía el guion. ¿Fue difícil ponerse de acuerdo en ese aspecto?
“No fue especialmente difícil. De hecho, estaba convencido de que la belleza del trazo y de los colores harían digeribles los episodios más duros. Es cierto que, tanto Sergio como Lola, tuvieron dificultades al principio y pensaron que no serían capaces de tratar una temática cruel que no habían abordado con anterioridad. Por eso, fueron especialmente cuidadosos a la hora de presentar las escenas, sin complacencias sangrientas y utilizando con frecuencia metáforas visuales. Es así como nos encontramos con un libro duro pero bello, implacablemente hermoso”.

-Ha mencionado que Nivek le interpela personalmente porque —como sucede en ‘El arte de volar’— su padre también tuvo que emigrar, buscando un horizonte vital mejor. ¿Qué papel tienen su biografía y sus propias vivencias en el conjunto de su obra?
“Un papel inevitable. A pesar del artificio y del fértil imaginario que exige la construcción de toda ficción, hay una parte de la experiencia personal, la más profunda, que condiciona hasta la fantasía más descabellada. A menudo, ni siquiera somos conscientes de en qué medida lo vivido condiciona lo inventado, pero hay una especie de huella existencial que, aludida o significativamente ignorada, modela el núcleo profundo de tu temática”.

Alguien ha señalado (Andrés Fajardo, en este mismo periódico) tres características, formales y de contenido, en su obra: la preferencia por títulos con «metáforas aéreas» —‘El arte de volar’ ‘El ala rota’, ‘El cielo en la cabeza’ —, un impulso ascendente —«del barrizal al cielo azul»— y un compromiso con la crítica social. ¿Se reconoce en esos elementos?
“Sí. La imagen del vuelo y la caída es una de las claves fundamentales del imaginario antropológico. Nos movemos esencialmente entre el afán de elevación y el miedo al abismo. Se trata de una verticalidad fatídica que nos lleva al triunfo o al fracaso. Configura la dinámica de la superación del obstáculo o la del hundimiento en la oscura depresión. En cierta medida, podríamos afirmar que nuestra existencia se transcribe en forma de dientes de sierra en función de subidas y bajadas anímicas. Por supuesto, las circunstancias sociales inciden directa o indirectamente en nuestra sed de altura, gratificándonos o frustrándonos. Es por eso por lo que una buena parte de la ensoñación del vuelo combate el lastre de la injusticia y la opresión, manifestándose por medio de la crítica social”.

-Como escritor, ha trabajado la novela, el ensayo y el comic. ¿En qué se diferencia y en qué se parece el Altarriba creador en cada una de esas formas de expresión?
“Cada género tiene sus reglas y condiciona directamente los contenidos. El ensayo se dirige a la inteligencia y se basa en la argumentación, la narrativa se dirige a las emociones y juega con la psicología de los personajes y del lector. Las diferencias entre novela y cómic operan de manera distinta puesto que nos encontramos ante dos formas narrativas. La diferencia radica aquí en el lenguaje, verbal, por un lado, y el icono-textual, por otro. Yo siempre he tenido una imaginación muy visual, por eso me gusta el cómic como forma de expresión y, en cierta medida, considero que ofrece más recursos y una paleta más amplia y matizada para poder contar. De todas formas, más allá de los géneros y de los medios de comunicación que se utilizan, se mantienen temáticas reincidentes que configuran el patrón individual de cada autor”.

-¿Ha pensado en alguna ocasión ser también el ilustrador de sus propios guiones? Lo pregunto porque, con las posibilidades de la IA, parece algo accesible, incluso para comunicadores que no sean originalmente ilustradores.
“Me he resignado desde niño a no poder expresarme gráficamente. Soy totalmente nulo en el dibujo y en las artes plásticas, al mismo tiempo que me fascinan. A veces, pienso que me he hecho guionista para paliar mi minusvalía plástica. He aprendido a apreciar la sorpresa que supone recibir la realización concreta que un autor hace de mi escenografía imaginada. En esa diferencia que va entre lo ensoñado y lo concreto, encuentro un gran disfrute. Recibir las páginas realizadas del dibujante con el que colaboras en un cómic constituye un momento delicioso en el que el ensueño toma forma precisa. De alguna manera, mi guion se ha infiltrado en la imaginación del dibujante y ha hecho suyo mi mundo. Mis ideas han tomado cuerpo. Esta sensación de comunicación, casi de comunión, con otra mente creativa no me la proporcionará nunca la IA”.

-¿Cómo son los primeros pasos para el establecimiento de la colaboración entre un guionista y un dibujante? ¿Lo inicia la editorial o depende de los autores?
“Muy a menudo, y sobre todo en los grandes mercados, como el francófono o el americano, las editoriales proponen las parejas y bendicen los matrimonios entre dibujantes y guionistas. Y a veces funcionan muy bien. Yo he tenido la suerte de hacer mis propias elecciones y, cuando presento un proyecto a una editorial, ya lleva dibujante y pruebas de estilo incorporadas. Se trata de una decisión extremadamente importante. Cada historia tiene el autor (a menudo uno solo) que puede realizar la mejor puesta en escena. Y hay que encontrarlo. El guionista está obligado a tener un buen conocimiento de los autores disponibles en el mercado y saber seducirles con su propuesta. Estoy convencido de que, si me ha ido bien en esta carrera, es porque he hecho una buena elección de mis colaboradores. Tanto desde el punto de vista creativo como afectivo. He acabado siendo gran amigo de todos los dibujantes con los que he trabajado”.

-¿Se ha planteado la posibilidad de un guion que muestre el conflicto potencial que se pueda generar entre un guionista y un dibujante, en un caso extremo de choque de trenes?
“No. Y podría ser un buen argumento para representar una rivalidad que se dirime en el terreno de lo artístico. Como trama de ficción, tiene muchas posibilidades, pero estoy convencido de que, en la realidad, no llevaría a un resultado satisfactorio. Guion y realización funcionan por fusión, no por colisión”.

-Comparado con épocas anteriores, ¿cuál es la situación actual del sector del comic y cuáles son las editoriales españolas más importantes?
“El cómic ha conocido en los últimos años un importante aumento en la producción de obras y en el reconocimiento artístico. En España, se publican unos cinco mil títulos al año y ya han entrado en los espacios culturales de casi todos los medios. Poco a poco, se difumina la idea de que se trata de un producto infantil o de intranscendente evasión (ya hay doscientas tesis sobre cómic leídas en España). Pero el sector está aquejado de importantes desequilibrios. La venta media por título es muy baja (menos de setecientos ejemplares), de forma que no permite vivir al autor si no es compaginándolo con otras tareas o resignándose a la precariedad. La producción nacional es muy escasa (en torno al 12%), mientras que el manga japonés y el cómic americano se llevan la parte del león en número de títulos y en cifras de venta. Hay cuatro editoriales (Planeta, Panini, ECC y Norma) que publican casi el 80% de los títulos. El resto se lo reparten hasta más de doscientas pequeñas editoriales. Hay desequilibrios y mucha inestabilidad laboral. A pesar de ello, el medio mejora en calidad, reconocimiento e interés del público”.

-Como profesor en la Universidad del País Vasco, vivió y sufrió el fenómeno de ETA.
¿Se le ha pasado por la cabeza escribir un guion sobre algún aspecto de aquello? Si esto fuese posible, ¿qué dibujante, de aquellos con los que ha colaborado, elegiría?

“En Yo, asesino abordo ya el tema, aunque no centre exclusivamente la intriga en ello. Me tocó vivirlo muy de cerca y durante muchos años. Me afectó y todavía me afecta. Me tendría que meter en aguas muy turbias y todavía muy vivas para documentarme. No creo que vuelva a insistir en ello. Si lo hiciera, Keko sería el dibujante más adecuado de todos con los que he colaborado”.

-Más allá del fenómeno de la emigración, en ‘El cielo en la cabeza’ hay un alegato contra la violencia sexual ejercida contra las mujeres (violencia física, dominación, trata, “reparación quirúrgica… “). ¿Cree que eso supone uno de los elementos más brutales y execrables de nuestra sociedad?
“Sí. Más allá del daño personal que provoca la violencia de género (secuelas físicas y traumas imborrables), están las consecuencias sociales. La violencia sexual desestructura las familias y cercena una de las principales fuerzas de renovación económica encarnada, especialmente en África, por las mujeres”.

-Dejando a un lado la identificación personal en sus dos obras más autobiográficas, en la «trilogía del “yo”» hay una potencial identificación de personajes actuales reales. ¿Puede decirse que, en esas obras —especialmente en Yo, mentiroso—, se da un ejercicio de transparencia deliberada en la identificación de los personajes? ¿Ha percibido alguna respuesta en la reacción de los lectores y/o en los modelos reales que lo inspiraron?
“Es cierto. La mayor parte de mis libros tienen referentes reales y casi siempre fácilmente identificables. Curiosamente, no he recibido muchas reacciones por parte de los aludidos. Sí se producen cuando la mirada es comprensiva, incluso amorosa. Muchas personas han confesado identificarse o identificar a alguno de sus familiares con la trayectoria de mi padre o de mi madre. Cuando se trata de una visión crítica, como ocurre en la Trilogía del yo, nadie se da por aludido. Bueno, Iván Redondo, modelo del protagonista de Yo mentiroso, me llamó para tomar un café en Moncloa, pero el estado de pandemia lo impidió. Los señalados desde una perspectiva crítica, si leen los libros, no se dan por aludidos. Es la mejor estrategia para que la visión crítica no se expanda. En lo que respecta a El cielo en la cabeza, estamos empezando a recibir testimonios de africanos, incluso de congoleños, que se sienten identificados por nuestro relato”.

-¿Puede darnos su impresión acerca del futuro y la posible evolución del género, tanto internacionalmente como en España?
“El cómic es un medio en alza en todos los países y en la mayor parte de sus variantes genéricas. Y esto es así desde hace más de veinte años de manera ininterrumpida. Creo que irá todavía a más. En can-tidad y calidad. El potencial narrativo del cómic es enorme y está en buena medida por explorar. Lo mejor de la viñeta está por venir”

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