Antonio Altarriba

“El cielo en la cabeza” nodormirporhaberleido

26/12/2023 publicado en nodormirporhaberleido.wordpress.com

Acaba de llegar a las librerías y ya aparece en todos los resúmenes que menudean por estas fechas, considerado uno de los cómics de año. “El cielo en la cabeza”, con guión de Antonio Altarriba, dibujos de Sergio García y color de Lola Moral, ha sido publicado por Norma Editorial y es tan salvaje como necesario.

El primer puñetazo llega en la página 10 aunque la violencia está presente ya en la primera viñeta. Y ya no nos la sacudiremos de encima en todo el álbum. Es una historia que arranca en las minas de coltán del Congo, donde son niños los que trabajan porque su pequeña estatura les permite que lleguen a las vetas de este mineral fundamental para hacer funcionar los móviles, y casi termina en la Puerta del Sol, donde los vendedores del top manta ofrecen falsificaciones de productos de lujo para aquellos que quieren jugar a parecer ricos. Con estos mimbres es imposible relatar algo que sea amable.

Todo el álbum es un ejercicio de violencia de cualquier tipo en un ambiente opresivo, con planchas teñidas de oscuridad, donde cada capítulo arranca con una doble plana totalmente negra en la que solo una ventanilla acompaña a los títulos escuetos de cada capítulo: Congo, La selva, La sabana, El desierto, Libia, Mediterráneo y España. Pocas páginas hay luminosas, entre las que destaca el momento en el que relato se detiene en la consulta del doctor Denis Mukwege, con el que colabora Idoia Moreno Olabuenaga.

Esa violencia, a pesar de ser omnipresente, se muestra de manera sutil, y hasta los disparos (y hay muchos) aparecen en un pequeño bocadillo con la palabra BANG, como si no hubiera nada más que añadir. El cómic no escatima dolor, que se manifiesta desde la explotación infantil en las minas con que arranca la historia hasta la violencia sexual que ejercen los guerreros tribales que se pelean por malvender a Occidente (vía empresas chinas) sus preciosos minerales sin dejar de lado las mafias que trafican con personas que sueñan con montarse en una patera repleta de incertidumbres o los que explotan ya en Europa a los inmigrantes sin papeles.

Parece mentira que una historia pueda dar cabida a tantos de los males que asuelan a nuestra sociedad, pero este cómic lo consigue y, además, lo hace con una calidad indiscutible. Aquí hace años que admiramos a Antonio Altarriba, independientemente del registro en el que se sitúe, pero hay que destacar los dibujos de Sergio García, que se propone un ejercicio de composición que enfatiza la narración y realza la calidad de sus dibujos. Hay páginas que son sencillamente insuperables, en buena medida gracias al trabajo en el color de Lola Moral, que transita con eficacia desde el interior de una choza donde ocurren auténticas salvajadas hacia un paisaje selvático por el que escasamente se filtra la luz del sol o la inmensidad del Mediterráneo, todo un cementerio de náufragos.

El relato es el descenso a los infiernos de alguien que, como no tiene nada, tampoco puede perder mucho. Violento, porque así ha conseguido escapar a una muerte anunciada, Nivek -el protagonista- se ve impelido a utilizar esa violencia que acabó con su infancia para hacer frente a las hostilidades del mundo que le rodea. Y casi sale victorioso al final, cuando se duerme soñando, acordándose de su madre.

Lo que ha ocurrido hasta entonces pone los pelos de punta.

Ps.- Este programa de Carne Cruda es imprescindible para entender mejor no solo el cómic sino todo su contexto.

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