Antonio Altarriba

«El cielo en la cabeza» en Mundo obrero

ODISEA SIN ÍTACA

Publicado en marzo de 2024 escrita por Jesús Lacasa Vidal (autor de Víctor Mora. Con acento francés (ACyT Ediciones, 2023); ex coordinador general de Izquierda Unida de Aragón) en Mundo obrero

La utilización de niños soldado por parte de muchos señores de la guerra en África ha sido una realidad bien conocida por parte de la opinión pública española, al menos desde 1999. Ese  año, Cherna Caballero, entonces misione-ro javeriano, asumía la dirección del pro-grama de rehabilitación de menores soldados en Sierra Leona. El fotoperiodísta Gervasio Sánchez documentó esta labor de de-fensa de la infancia en sus libros Salvar a los niños soldados (2004) y Sierra Leona. Guerra y paz (2005).

Desde los países del Norte global no podemos alegar, entonces, desconocimiento al respecto; por el contrario, como en tan-tas otras ocasiones, hemos procedido a un borrado selectivo en nuestra memoria, que nos permite seguir adelante en nuestra vida cotidiana, sin excesivo cargo de con-ciencia. Hasta que un día recibimos un gol-pe seco que nos deja sin aliento. Ese golpe –figurado, claro está- proviene de la fértil imaginación del guionista Antonio Altarriba (Zaragoza, 1952), y de la pericia artística del dibujante Sergio García (Guadix, 1967) y la colorista Lola Moral (Montalbán de Córdoba, 1964), en forma de un libro de historietas titulado El cielo en la cabeza.

Antonio Altarriba, quien ejerció la docencia en el área de filología francesa de la Universidad del País Vasco, posee una larga carrera como ensayista, novelista y guionista de historietas. Su obra más conocida en este último campo, El arte de volar, en colaboración con el dibujante Kim, fue reconocida con el Premio Nacional de Cómic en 2010. A través de la reconstrucción de la memoria de su padre, Altarriba describió magistralmente el panorama de una España arrasada por la Guerra Civil y la dictadura franquista. Sin embargo, una pieza quedó olvidada, la trayectoria vital de su madre, a la que resarció con su pos erior creación, El ala rota. Altarriba es también un reconocido teórico del medio de la historieta, con volúmenes como La España del tebeo o La narración figurativa, basado este último en su tesis doctoral de 1981.

Sergio García, profesor de Bellas Artes en la Universidad de Granada, en su faceta de ilustrador ha trabajado para cabeceras tan prestigiosas como The New Yorker o The New York Times, y ha sido reconocido en España con el Premio Nacional de Ilustración en 2022. En el ámbito de la historieta, ha realizado una buena parte de su obra directamente para el mercado francés, junto a guionistas tan destacados como Lewis Trondheim o Leo. Su pasión por la re-flexión teórica sobre el medio le ha llevado a publicar libros como Sinfonía gráfica o Cómo hacer un cómic.

Por su parte, la guionista y colorista Lola Moral ha participado en la realización de diversos libros, como Los tres caminos, Odi’s blog, Caperucita roja o La bella durmiente. Además, es una artista multimedia que trabaja en cerámica contemporánea, intervenciones de objetos, creaciones de obras textiles, grabado y estampación.

El cielo en la cabeza no es la primera colaboración entre Antonio Altarriba y Sergio García. Juntos habían concebido en 2017 el proyecto Cuerpos del delito, obra inclasificable que entremezcla el relato corto, la ilustración y la historieta. Ambientada en el Sarajevo de la guerra de los Balcanes, sus historias permiten el despliegue de una reflexión sobre el formato del cómic, su estructura narrativa e, incluso, el orden de lectura. Una investigación que no impide captar la atención del lector y mantenerlo atrapado en una red de estímulos sabiamente tejida por los autores.

Las siete pruebas de Nívek

Como si se tratase de un Job redivivo, sometido a las crueles pruebas de un dios inmisericorde, el protagonista del libro, un niño de doce años llamado Nívek, debe afrontar y superar desafíos que arredrarían al adulto más bregado.

El primer capítulo del libro, titulado “Congo”, trata de la conversión de un niño minero del Kivu en un kadogo, un niño soldado, a través del rito iniciático más sal-vaje que una mente humana pueda concebir, lo que supone la total ruptura de Nívek con su familia y el entorno del que pro-viene. La segunda parte, “La selva”, refleja el inicio de su itinerario de fuga, la hui-da en dirección al Norte prometido, arrostrando los peligros de la naturaleza. El tercer acto, “La sabana”, conlleva la pérdida del amigo y el inicio de un camino en soledad; es también el punto de encuentro con la magia tradicional. “El desierto” representa la cruda lucha por la supervivencia en un entorno hostil y el inicio de la etapa de esclavitud. En “Libia”, Nívek se ve condenado, por imposición de su dueño, a luchar a muerte como una suerte de gladiador contemporáneo, al tiempo que conoce por primera vez el amor. El “Mediterráneo” es la tumba para tantos, aunque no para un Nívek condenado a perder lo que más quiere. Al cabo, “España”, puerto final de la travesía, del viaje a ninguna parte, país de recepción, que no de acogida, de tantos seres humanos errantes por el mundo.

La dureza de este libro solo se ve mitigada por la belleza de los textos de Altarriba y la maestría gráfica de García y Moral. La presencia constante de la naturaleza, la luz y el color que bendicen la tierra africana tan mancillada por la ignominia y la barbarie, el virtuosismo formal (¡ese dibujo trayecto de los dos niños perdidos en la selva!) del equipo creativo, hacen que la experiencia de lectura del El cielo en la cabeza quede marcada a fuego en nuestra mente por un tiempo muy prolongado.

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