Antonio Altarriba

“El cielo en la cabeza” eslahoradelastortas

Publicado en los eslahoradelastortas.com por Alain Villacorta “Laintxo” el

El cielo en la cabeza

No hay nada mejor que la ficción para hablar de la realidad. La perspectiva y las posibilidades de inventiva de la ficción permiten abordar la realidad de modos que no puede alcanzar el documental o el ensayo. Es por eso que la propuesta de Antonio Altarriba y Sergio García en El cielo en la cabeza tiene la capacidad de hacer que una problemática que vemos a diario en las noticias pueda permear en nosotros de un modo al que no llegarán mil informativos.

La primera sorpresa al leer El cielo en la cabeza es que había leído y escuchado montones de reseñas que hablaban de ella como una historia realista y nada en absoluto que ver con lo que me he encontrado. El cielo en la cabeza narra la odisea de Nivek, un niño congoleño desde su país de origen hasta llegar a España y no dudo que las atrocidades por las que lo hacen pasar Altarriba y García puedan formar parte del día a día de muchos migrantes, pero cuando usaba la palabra «odisea» la elección no es arbitraria.

Sin embargo, es normal pensar en una historia de corte realista al hablar de Antonio Altarriba. No en vano su obra más conocida y por la que ganó el Premio Nacional de Cómic es El arte de volar y del mismo corte es El ala rota. Incluso sus historias más novelescas, como su trilogía del yo, con Keko, tienen siempre detrás problemáticas de corte real y con vigencia en nuestros días.

Tal vez debería haberme hecho sospechar el nombre de Sergio García, también Premio Nacional, pero de Ilustración. Su trabajo tiende por lo general a un tono mucho más experimental e incluso la anterior obra que compartió con AltarribaCuerpos del delito, ya se salía bastante de lo convencional.

Sin embargo, comenzar en una mina de coltán en el Congo, no es lo que de manera más inmediata nos puede situar en un cuento, pero eso es lo que viene a ser El cielo en la cabeza. No quiero decir con esto que las desventuras por las que atraviesa Nivek en su arduo periplo no sucedan en la realidad, pero resulta difícil pensar que en la realidad todas a la vez le pasen a la misma persona. Además, está la estructura episódica donde en cada capítulo se enfrenta a una dificultad; el maniqueísmo, tal vez no exagerado, pero indisimuladamente manifiesto; el viaje de autodescubrimiento… incluso hay momentos en los que abraza por completo la fantasía. Son toda una serie de detalles que no sitúan más en una épica que en una crónica, por más que El cielo en la cabeza tenga la misma o más carga de denuncia que si hubiera sido hecha con un tratamiento más realista.

La pista definitiva, de todos modos, es visual. Al encontrarnos el estilo expresionista de deformaciones casi picassianas de Sergio García, resulta sencillo concluir que la intención de los autores no es reflejar la realidad, sino servirse de ella para contar sobre sí misma lo que las propias reglas del naturalismo no permiten. Los esclavistas de las milicias de las minas de coltán no son seres humanos, son monstruos. Los ritos de los pigmeos en la jungla son directamente magia. El pueblo de Babungo parece sacado de un cuento. Las escenas de lucha en la jaula con las siluetas recortadas en negro nos retrotraen a la mítica de las escenas de la cerámica clásica. Todo en El cielo en la cabeza está revestido de un aura de cuento que nos sitúa un peldaño por encima de la realidad para poder hablar de ella con plena perspectiva y llegando a vísceras a las que la crónica llana es incapaz.

El mundo que nos muestran en El cielo en la cabeza es absolutamente monstruoso, terrible y cruel sin explicación ni sentido, pero precisamente presentarlo como un cuento lo convierte en una pesadilla aún más perturbadora, pero también en algo mucho más sugestivo a la hora de leer. Cada capítulo es prácticamente una vida y tiene su propio modo de ser contado, pero todos forman parte de este despiadado pero fantástico viaje de autodescubrimiento de un niño que aprende a matar antes que a sentir y amar.

El cielo en la cabeza, en definitiva, es una obra que sabe aprovechar las herramientas que el Arte brinda para hablar de la realidad, una realidad ignorada por el mundo, casi invisible por repetición. Y es que la expansión colonialista del siglo XIX aún tiene efectos en el continente africano y ningún viso de ir a cambiar en un futuro cercano y son historias como la que nos brindan Antonio Altarriba y Sergio García, que apelan a ese lugar distinto de nuestra conciencia al que solo llegan los cuentos y los mitos, las que más pueden hacer por sensibilizarnos.

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