Antonio Altarriba

“El cielo en la cabeza” en comicparatodos

«El cielo en la cabeza» de Antonio Altarriba y Sergio García

Publicado el 22 de febrero de 2024 escrita por Juan Rodríguez Millán en comicparatodos

Editorial: Norma.
Guion: Antonio Altarriba.
Dibujo: Sergio García.
Páginas: 144.
Precio: 28 euros.
Presentación: Cartoné.
Publicación: Octubre 2023.

Contra la ignorancia social hay dos remedios que son casi infalibles. El primero es viajar; el segundo, leer. El cómic nos incita a hacer lo primero, metafóricamente primero y, en caso de ser posible, en la realidad después, pero de lo que no cabe duda es del gigantesco poder que tiene en el segundo de los caminos. No sólo por lo que cuenta, sino porque además nos lo enseña. Vienen estos pensamientos a la cabeza cuando se lee El cielo en la cabeza porque Antonio Altarriba y Sergio García, con un color formidable de Lola Moral, nos invitan a pensar sobre uno de los temas más complicados de nuestra sociedad actual, la inmigración. Demasiado a menudo escuchamos el ruido de quienes sólo ven la realidad desde su punto de vista, y se les olvida que detrás de cada persona hay una vida, un caso, muchas circunstancias que conducen a ese inmigrante a este momento presente. Lo que los autores hacen en estas páginas es contarnos el viaje de uno de esos que en los informativos suelen llamar subsahariano, como si eso fuera lo que le define, desde su dura infancia en Congo hasta el momento en el que tiene que adentrarse en el entramado social de España. El cielo en la cabeza nos invita a reflexionar con esperanza, pero es una lectura dura, terrible por momentos, que no debería dejarnos impasibles en ningún caso.

Altarriba tiene el claro propósito de abarcar un viaje brutal, y lo consigue con una sinceridad demoledora. Es evidente que para escribir una historia como esta hay que manejar mucha información, mucho contexto, tener claras situaciones que, por indignantes que nos puedan parecer, suceden en nuestra realidad. Y ese puñetazo en el estómago metafórico que recibimos es desde el principio y de manera continua. Duele más al principio, cuando podemos entrar desprotegidos, pensando que ya hemos leído de todo, que hemos visto momentos turbios y todo tipo de villanos de los de verdad, no de los de opereta que a veces se cuelan en la ficción narrativa. Duele porque, aunque nos podamos esperar lo peor, la realidad que describe Alterriba es todavía más cruenta. Seguimos a este muchacho en un viaje imposible porque, en el fondo, creemos en él, y eso tiene mérito que lo veamos cuando tiene que hacer de todo para poder sobrevivir. Puede que sea una forma utópica de pensar, pero seguro que El cielo en la cabeza hace que reflexionemos un poco más cuando veamos a personas que podrían haber vivido un calvario como el que vemos en esta obra. Puede. Debería, en realidad, pero la ingenuidad que podíamos tener muere con lo que vemos en los informativos a diario. Pero la verdad, y no hablamos de ciencia ficción, está ahí fuera.

Puede ser paradójico que para darnos un baño de realidad tan amargo como es el de El cielo en la cabeza se apueste por un estilo visual como el de Sergio García, alejado del paralelismo fotográfico, pero ese choque visual es vital para no apartar la mirada en muchos momentos, para que creamos en la verosimilitud de lo que leemos por otras vías. Y sí, el resultado es apabullante y maravilloso, porque el trazo de García es una auténtica barbaridad, potenciado además, hay que decirlo de nuevo, por el espléndido color de Moral, que nos acompaña en los diferentes entornos en los que tiene lugar la historia con una naturalidad espectacular. García hace que la fábula, que es con lo que entronca su forma de dibujar, se cruce con la realidad, en un salto al vacío sencillamente brutal, que destaca cuando el detalle se convierte en un arma narrativa de primer nivel en las viñetas más pequeñas o cuando apuesta por ilustraciones de gran tamaño, que es cuando más se ve lo alejado que está de la fotografía. El cielo en la cabeza es una obra espléndida, durísima, sí, pero necesaria por eso mismo, porque todavía hay personas que no creen que las cosas sean así, que piensan que quien llega a España en precario es porque quiere o con aviesas intenciones. Y es que para leer hay que abrir los ojos. Igual que para entender la realidad. Chapeu para quienes nos ayudan así.

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